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Monday 21 October 2019
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La Casa Muda (opinión)

Derechos Reservados, Tokio Films, 2011.

 

En medio del verano y sus blockbusters llega a las salas mexicanas una película cuyo estreno debería ser motivo de celebración. Se llama La Casa Muda y es una cinta de horror uruguaya de bajísimo presupuesto que le ha dado la vuelta al mundo.

Después de su paso por el Festival de Cannes y Sitges, se exhibe comercialmente esta producción que podría convertirse en objeto de culto entre los amantes del género, las razones son varias: se trata de la primera película de horror producida en Uruguay (una rareza tener una producción sudamericana en cartelera), su presupuesto total fue de $6,000 dólares y se filmó en una sola toma con una cámara fotográfica (sí, de fotos) marca Canon de Alta Definición; el resultado es cine guerrilla al estilo más puro y funciona.

Su director, Gustavo Hernández, retomó una anécdota sacada de los anales de la nota roja uruguaya: en 1944 se encontraron unos cuerpos mutilados dentro de una casona, a los dos les faltaban los ojos y la lengua, la policía descubrió en la escena del crimen una serie de fotografías que por su escandalosa naturaleza fueron guardadas en un archivo y el caso se consideró cerrado al no presentar sospechosos. Ahora, Gustavo Hernández busca reconstruir qué fue lo que pasó esa noche.

Desde sus primeras secuencias La Casa Muda deja claro que sus pretensiones son altas, la cinta está contada con un estilo de cámara en mano tipo documental y sin apoyo de iluminación profesional. La historia transcurre en tiempo real, comienza con la llegada de una chica y su padre a la vieja casona cuando está a punto de meterse el sol, así la iluminación natural y la oscuridad juegan un papel fundamental en el eficiente manejo de tensión y como recurso para causar horror en el espectador. En su narrativa, La Casa Muda experimenta al contar la historia en una sola toma, como una especie de homenaje bien logrado al Hitchcock de La Soga. Quizá estas experimentaciones sean el resultado creativo de tener un presupuesto casi nulo, no puedo afirmarlo pero al final resultan un acierto pues abonan a la incertidumbre del espectador y generan una atmósfera tétrica.

Derechos Reservados, Tokio Films, 2011.

La Casa Muda podría ser considerada por muchos como una película de arte, su ritmo pausado y atmósfera experimental ayudan a esa percepción. Lo cierto es que más allá de los méritos técnicos, la cinta logra poner los pelos de punta con una serie de secuencias llenas de horror, actuaciones de buen calibre, un soundtrack de primera (obra del compositor Hernán González) y un excelente uso de los sonidos incidentales.

Es increíble que con ese presupuesto hayan hecho una película tan bien lograda, es increíble también que después de su paso por el resto del mundo llegue a estrenarse en México al lado de blockbusters como Transformers o Harry Potter. Por eso hay que ir al cine y ver La Casa Muda, porque cuando llegan las producciones de horror Hollywoodenses (que generalmente son remakes, secuelas o precuelas) abarrotamos las salas y las convertimos en éxitos de taquilla ¿Por qué no hacer lo mismo con una cinta sudamericana que es material original y cumple al hacernos pasar un rato lleno de horror?

Extra: Hollywood ya compró los derechos para filmar un remake titulado The Silent House.

Jorge Báez



Amo el cine, la cultura pop y la pizza. Twitter: @cuacarraquear


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